martes, 3 de julio de 2018

Cholos

¿De a cuánto? Escuché que gritaban a mi lado. ¿De a cinco o de a diez? 
     Ya habíamos repartido la baraja, pero al ver a ese sujeto borracho y aparentemente fuera de sí, decidí no participar en el juego. Él y su acompañante nos miraron extrañados. 
     Jaquis, dile a tus amigos que no se fresen porque a mí me caen mal los fresas. Yo soy su tío de ella y bien sabe como soy como los mamoncitos. Diles Jaquis, diles que soy Cholo, ¿sí o no? Bueno, era. Aunque los cholos de ahora (y perdón por la palabra) pero ¡son una mierda! Ellos nada saben del verdadera movimiento. ¿Sí o no Jaquis? A ver, mira Jaquis, le voy a dar clases a tus amigos ¡Ja!
     Ya conocía a su tío, pero esta era la primera vez que nos dirigía la palabra. ¿Qué me podía enseñar un borracho? ¿A tomar, a gritar? Un leve terror floreció en mi cuerpo. Temí que no tardara en perder la cordura, que comenzara a ponerse violento y que yo no pudiera detenerlo. Cuando me di cuenta, ya había tomado asiento a mi izquierda.
     Déjenme explicarles algunas cosas, porque esos cholitos de ahora ya me tienen hasta la madre. ¿Saben por qué nos rapamos la cabeza? Pero raparla bien. Ahorita yo estoy normal, pero los verdaderos cholos se rapan bien, hasta el cero, con el rastrillo. ¿Saben por qué lo hacemos?Esperé una respuesta absurda que hablara de una especie de pacto entre grupos del barrio— ¡Lo hacemos por los chamaquitos! Por los niños que desafortunadamente no libraron su lucha contra el cáncer. ¡Lo hacemos en su honor! Porque por falta de dinero para sus terapias se nos fueron, los pobrecitos. ¡Los cholos pendejos de ahora no lo saben! Creen que es moda, creen que es cuestión de identidad, o se cortan nomás las orillas y tienen la greña arriba y dizque ya son cholos. 
     Hizo una pausa para buscar su cajetilla de cigarros. Estaba en shock. Sus palabras fueron como un golpe duro y macizo. Mis expectativas estaban rotas y mi orgullo quebrantado. Jamás imaginé que la razón era de empatía. Yo pertenecía a ese "grupo de estúpidos" que creían que era simple cuestión de identidad. 
     Además continuó, mientras comenzaba a fumar.  Además hay otras cosas. Por ejemplo, ¿Saben los que representa traer los tennis de bolillo? ¿No? Pues es que nosotros los cholos representamos una sola cosa y es la pobreza de México. Es el hambre, es el trabajo. Los tennis, es precisamente por eso, porque significan lo que a veces un hombre o hasta una familia tiene para comer. Representa ese momento en el que el hijo tiene hambre y aunque los padres también, le dan el bolillo entero porque lo aman. Ahora... ahora... ¿Saben cómo nacen las bermudas? ¿Saben por qué las usamos? ¡Es lo mismo! Cuando a tu chamaco le falta ropa pero no tienes para comprarle, ¿qué hace un papá? A ver, a ver. ¿Qué hace? ¡Pues corta los suyos! A la medida, por eso las bermudas. Y la ropa ancha también. Las playeras, los pantalones, ¿apoco creen que es por gusto? ¡No! Nosotros representamos algo, representamos la pobreza. Esa ropa ancha toda guanga es porque no hay dinero para comprar más y el papá, a veces todo gordo y alto se las da a su chavito, ¡es por eso! Los cholos de ahora ni saben qué chingados con el movimiento, no saben de significados, no saben de nada. Están pendejos. Nada más se creen malandros.
     No, el "le voy a dar clases a tus amigos" no fue un comentario al aire. Ninguna escuela te lo dice. Prejuicios, humildad, respeto, unión. Lecciones del día. Un maldito prejuicio me estaba orillando a rechazarlo al inicio de la noche pero ahora lo escuchaba con atención. ¡Cuán idiota se ha de ser para juzgar sin razones! 
      Y pues así está la cosa. Aunque la neta si te metes en un chingo de problemas. La vida de cholo no es fácil y es peligrosa. Yo ya la dejé hace tiempo ¿y saben por qué? Por mi esposa y mi niña, tuve que cambiar por ellas. Porque gracias a Dios ellas están en mi vida y tengo que cuidarlas. Porque es mucha chingadera. ¡Es por ellas! 
     Dejé de escuchar. Comencé a sentir. Las lágrimas querían escapar. No sólo eran lecciones de moral, no sólo me había golpeado con verdades, no sólo me estaba dando una lección. Las lágrimas querían escapar porque entendí que ese hombre no se encomendó a Dios, ni a la sociedad ni a su propio ser, no se encomendó más que al amor para redefinir su ruta. ¡Al amor! 
     Prejuicios, humildad, respeto, unión y sobre todo amor. 
     Un cholo me enseñó de todo eso. 
     Gracias.    
     

Cholos, por Korina Ivonne Hernández.

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