domingo, 31 de diciembre de 2017

N.R.T (Nada; Recuerdo; Todo)

¿En dónde estoy? ¿Por qué tengo sangre en las manos? Me levanté del suelo y miré alrededor; no reconocía la habitación en la que estaba. Una pequeña lámpara de mesa alumbraba débilmente el lugar. El contraste entre el amarillo opaco de la luz y la oscuridad siniestra del ambiente era aterrador, como si algo grave hubiera ocurrido. ¿Estuve bebiendo? ¿Cómo llegué aquí? Comencé a recorrer el cuarto a pasos nerviosos, despacio. Sobre la cama pude observar un trozo de papel arrugado y al lado su bolso. Me acerqué titubeante, desenrollando la hoja para ver si podía darme alguna pista. 

«Te he olvidado rezaban las letras escritas
     Hace un par de meses que te he encontrado fría y moribunda en algún rincón abandonado de mi mente. No te pertenezco más. Ahora me permito observar a otras mujeres, admitiendo que después de todo, hay mejores ojos que los tuyos; más expresivos, más profundos, más coquetos. Ya no me alborota el organismo sentirte cerca ni recibir algún mensaje, tampoco los cariños que de vez en cuando se te escapan como diciendo: "no te vayas". No, cariño, ya no más. He besado un par de bocas sintiéndome libre y me he largado para no volver a encarcelarme. En este lado del olvido todo parece ser placer mundano, mero transcurso de vida.
     Cuando pienso en ti, mi memoria arroja una imagen desahuciada, incapaz de permanecer un minuto más en el desastre cerebral con el que cargo. A veces intento conectar contigo, pero te muestras derrotada y sin fuerzas. Como el hambriento que rechaza un trozo de pan por querer el sabor de la carne, decides desfallecer sin más. Te he olvidado y me parte el alma conocer esta verdad. No estás más en mí, querida. Después de mucho tiempo he logrado arrancarte de mis entrañas. Es extraño, ahora todo luce irreal, sin sentido. 
     Si te soy sincero, este nuevo mundo alejado de ti me resulta bastante vacío. ¡No lo quiero, lo detesto! Después de ti, beso sin ganas, acaricio sin ganas, despierto sin ganas. Pensar en ti era lo único que me hacía sentir vivo, sentirte, mirarte, abrazarte. No te amaba, eso lo sabes y quizá tampoco lo entiendas, pero hay sentimientos más grandes que el amor. No llevan nombre ni estereotipos, no llevan marcas ni sellos, son auténticos, libres y perfectos, llenos de éxtasis, placer divino. Y son esos sentimientos anónimos los que me ataron a ti. Por que ya lo dije una vez y lo seguiré diciendo, prefiero sentir contigo que amar sin ti. 
     Ojalá volvieras, ojalá me recordaras que olvidarte no es buena idea, porque todo es nada si no estás. Ojalá volvieras porque...» 

     El texto cortaba ahí, parecía incompleto. Las sábanas mostraban una tenue mancha roja donde antes había estado el papel, que seguía en un camino de gotas hacia el baño. Algunas rosas blancas yacían destruidas, esparcidas sobre suelo. El único cuadro de la habitación tenía el vidrio estrellado. En la esquina del colchón, además de su bolso estaba uno de sus vestidos (el blanco, mi favorito) igualmente destazado. Un gemido apenas perceptible llegó a mis oídos y corrí horrorizado a su encuentro. 
     Arrodillada sobre la tina de baño estaba ella. Ensangrentada, con la garganta cortada, pero firme. En la mano derecha sostenía una de tantas rosas blancas, sin intención de soltarla. Levanté su rostro con lentitud. No reaccionaba, permanecía inmóvil e impasible, como si estuviera muerta. Sabía que no podía estarlo, pues aún se mantenía sobre sus rodillas. Hubo un breve instante en el que sus ojos se abrieron y me miraron como la primera vez. "En tus ojos veo destrucción", le había dicho aquella ocasión. Justo ahora lo estaba comprobando. Al mirarme en sus ojos recordé todo, como un destello demoníaco aparecieron las imágenes que describían mi noche: 
     Me vi escribiéndole una carta de despedida, que enviaría con un enorme ramo de rosas blancas. 
     Me vi mintiéndome porque no era cierto el olvido. 
     Me vi deseando con todas mis fuerzas que ella apareciera. 
     La oí tocar la puerta, como acudiendo a mi auxilio. 
     "Hoy soñé contigo", me dijo. "Soñé que me leías ese poema que tanto me gusta". 
     Me vi dejándola entrar al apartamento y de la nada sentir un golpe (no de ella).
     Me vi  perdiendo la noción de la vida. 
     Me vi cortando su garganta con el cuchillo con el que planeaba suicidarme. 
     Me vi caer.

     Desperté

     Ella estaba a mi lado, mirándome a los ojos con una sonrisa encantadora. 
     ¿Qué sucede? dije. 
     Nada, mi amor, es sólo que hoy soñé contigo. Soñé que me leías ese poema que tanto me gusta...
Fotografía: Alley Scheffki

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